martes, 29 de septiembre de 2009

RECITAL DE POESÍAS DE AUTORES CORRENTINOS

Presentación de la revista-libro "Palabras Escritas" Nº 6 y recital de poesía correntina en el auditorio “Francisco Madariaga” de la SEA.
El viernes 25 de septiembre, en el auditorio “Francisco Madariaga” de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina) en la ciudad de Buenos Aires, se presentó el Nº 6 de la revista/libro semestral “Palabras Escritas” que publica Servilibro de Paraguay y dirige Alejandro Maciel. En nombre de la SEA dio la bienvenida su Vicepresidente y el escritor Julio Bepré. La escritora paraguaya Mabel Pedrozo quien viniera de Asunción expresamente para participar del acto y el director, Alejandro Maciel dieron a conocer las características de esta revista/libro semestral de 240 páginas que cuenta con dos secciones: una Creativa, con poesías, teatro y narraciones de autores de Brasil e Hispanoamérica y otra sección Crítica que cuenta con trabajos de importantísimos académicos de universidades como Massachussets, Montreal, Florianópolis, Valencia, Hamburgo, Poitiers, París IV (Sorbona), Autónoma de Madrid, Gottemburgo (Suecia), Rosario, Buenos Aires. Bajo la guía de Gustavo Rey que ofició de maestro de ceremonias, se presentó después el Homenaje a los cuatro poetas correntinos: Juan José Folguerá, Marta Quiles, Gordiola Niella y Francisco Madariaga. En una breve antología, las voces de Gerardo Pérez Estévez, Griselda Figueredo y Juan Manuel Romero volvieron a resonar para dar vida a poesías tan luminosas como reveladoras: “Tembladerales de oro”, “La fantasma”, “Sonetos de la soledad”, “La aldaba herrumbrada” y “La balsa mariposa” que se escucharon con esa suma de silencio y unción que solicita la liturgia poética. El público estaba, por momentos, sencillamente emocionado. Para cerrar el homenaje, el músico Ariel Acuña cantó tres temas y luego se le sumó la hija de Ariel, la joven voz de Rocío Acuña que hizo vibrar la sala de emoción y candor interpretando temas del repertorio correntino.

jueves, 10 de septiembre de 2009

CULTURA ENTRE FRONTERAS

Prefacio al Nº 1 de la revista~libro "PALABRAS ESCRITAS" Los nueve años que compartí con don Augusto Roa Bastos comprendí en forma cabal la importancia de la integración de los pueblos a través de la cultura. Nuestro MERCOSUR nació entre pañales de marketing y publicidad multimedia pero fuera de los discursos de barricada de políticos de turno que a su turno pasan sin dejar rastros, la agenda cultural ha sido un pobre fantasma hasta hoy. Y, mientras los discursos políticos son pasto del viento, los pasos de la cultura quedan grabados en la piedra. La prédica de don Augusto jamás cesó de clamar en este desierto de ideas: la integración debe incluir la cultura como fundamento, y dentro de la cultura las letras tienen el privilegio de remansar el pensamiento que es la expresión más acabada de la identidad de los individuos y los pueblos. Palabras, gracias a Vidalia Sánchez sale ahora con autores argentinos, brasileros, uruguayos y paraguayos. Estamos pensando en la Región y con ojos nostálgicos, dejamos atrás los provincialismos que nos mantuvieron aislados en clanes, topografías, grupos y capellanías siempre propensasal encierro y al autismo de unos pocos cofrades que se leen a sí mismos. Para iniciar un auténtico proceso de comunicación es necesario el diálogo fluido, los encuentros, el conocimiento de obras y autores desde todos los puntos que conforman el círculo de la comunidad comunicante. Este prefijo comunnis reúne y aglutina en una misma transferencia de ideas al conjunto social. Si úpor ejemplo- los escritores paraguayos conociésemos más autores brasileros podríamos promover la lectura de sus textos hoy casi apócrifos, es decir, escondidos a las miradas de la gente. Paralelamente, nuestros vecinos uruguayos y argentinos desconocen nuestra existencia; no serán más faustos después de leernos pero sí seguramente más ricos en su visión y eso evita los encasillamientos y prejuicios que cierran la mirada al otro con simplificaciones. Vivimos un mundo complejo donde los medios masivos invaden casi cualquier campo hasta volverlo confuso e incomprensible si los actores culturales no hallamos los códigos para dialogar y filtrar la avalancha de cifras, datos, informes, panoramas, intereses, políticas y vaticinios econométricos que abruman. La lectura se ha convertido en ese refugio contra las interferencias. Si esa lectura sirve para comunicarnos y conocernos ha doblado su propósito original. "Palabras" es un puente más para propiciar ese diálogo en la Región. ¿Qué será esta cosa tan compleja comprendida como "Región"? Creo que en ese concepto está la clave para desentrañar un proyecto como éste. Y en este sentido, entender que ya no somos provincianos ni aldeanos significa romper moldes rígidos que por siglos ataron a los autores a los mapas políticos como si fuese parte de un destino ineludible. Diversos criterios utilizaron los estudiosos para sitiar geográficamente a un autor; unos dicen que es un escritor argentino "quien nació en la Argentina" pero sabemos que el lugar de nacimiento es casual y siguiendo esa receta, un paradigma de la literatura brasileña, Clarice Lispector debería consignarse entre las escritoras ucranianas. Alfonsina Storni sería suiza y Josefina Plá, española. Otro localizador es el sitio donde escribió sus obras. También este criterio puede ser reducido al absurdo si pensamos por ejemplo que Conrad escribió casi toda su obra en el mar, durante los viajes. Ni hablar de Rubén Darío, Neruda, Alberti poetas que por nomadía o exilios escribieron en diversos puntos del planeta. El mismo Roa Bastos escribió muy poco en Paraguay, es cosa sabida que su producción más importante la escribió en la Argentina y Francia. Otro canon sugiere que el tema o el enfoque dan carta de ciudadanía literaria a un autor o autora. Dante sería, siguiéndolo, un autor "del otro mundo" ya que, aunque llenó el "Infierno" de italianos, (especialmente de toscanos) no cantó a las llanuras ni al Arno sino al paisaje del más allá al que nos lo trajo más acá por obra y gracia de su escritura prodigiosa. Flaubert podría ser oriental si nos atenemos a "Salambó" y "Las tentaciones de San Antonio". ¿Bram Stoker es, entonces, un escritor rumano? ¿Y qué decir de los autores de ciencia ficción? ¿Son marcianos o lunares? Cito ejemplos al azar. Podrían multiplicarse ad infinitum Por último, está la norma que define a un escritor por la lengua en la que escribe, pero en Sudamérica, salvo Brasil, todos seríamos autores españoles.[1] Contradiciendo el principio de Occam de "no multiplicar innecesariamente los entes" ¿no podríamos fijar otro principio? ¿Por qué no empezar a pensar en autores de regiones? Libres de las barreras idiomáticas y las fronteras geopolíticas (dibujos cartográficos de militares retirados del siglo XIX en sus momentos de ocio, a los que demasiadas veces tomamos demasiado en serio) creo en lo que me enseñó Augusto Roa Bastos. Creo que una región que comparte los mismos problemas y el mismo futuro es la carta de ciudadanía más legítima para un humanista. Y empecé predicando con mi vago status ciudadano: soy un argentino, viviendo en Paraguay, escribiendo sobre Brasil. Quiero agradecer al escritor Adolfo Montejo la autorización para publicar el primer capítulo de su obra Correspondencia Celeste, nueva poesía brasileña (1960-2000) Ediciones Àrdora, Madrid,2001 obra pionera en este proceso de comunicación que intentamos entre todos. alejandro maciel, asunción, noviembre 2005. [1] He aprendido que en España se enfadan cuando decimos "castellano" y hasta el D.R.A. dice en el lomo "lengua española". ------------------------------------------------------------------------

lunes, 6 de abril de 2009

EL DILUVIO DE FUEGO

ÁNIMAS EN LA LLUVIA . . . Estaba sentada mirando cómo el agua del estero subía y bajaba, pensaba para mis adentros, pensaba en esas tardes del verano, en esas tardes de un rebrillo amarillo resplandeciente hasta en las noches, en esas tardes con el camino reverberando, la arena traslúcida del calor, las pisadas que se perdían yéndose a otro sitio, huyendo de este pueblo polvoriento. Entonces se apareció la pora blanca. Yo esperaba que las ánimas anduviesen de noche, ocultándose entre las sombras, arrastrando ese poco de vida que les quedaba, "esa maldición de no poder morir del todo ni poder vivir en la nada de quienes mueren en pecado" como decía el cura Aurelio. Yo esperaba eso. Pero la pora blanca apareció en pleno sol, entre el agua que parecía que bajaba y el agua que parecía que subía. No tuve miedo. Sabía que Lucía no me haría ninguna malicia, si estando viva era la pura bondad, ¿por qué la muerte que no hace nada, que no cambia a la gente ni siquiera en su último minuto, habría de enseñarle daños? -Quiero que recen por mí, que recen de noche, escuché que dijo. Que de noche la pena de estar quieta bajo la tierra húmeda, esperando no sé qué, de noche es más aciago todo eso. De día están los ruidos, está la gente que pasa conversando, está la calentura del sol que recuerda todo lo de antes. Pero de noche solamente está el silencio, ni la oscuridad ni el apretujón de la tierra amontonándose sobre el cuerpo, ni la llovizna que se entromete escurriéndose en su viaje a lo hondo de la tierra, ni eso, Remigia, sentí que decía la voz de Lucía, en la brillantez no había cara, no habían esos ojos que yo extrañaba, no había nada más que el brillo feroz pero la voz se escuchaba tan nítida que parecía que me estaba hablando en el oído, como hacía cuando estábamos en la novena, en la capilla. Le dije que llevé velas en el sitio donde encontraron el cuerpo, que llevé crisantemos para que en el camino, se pudiera olvidar de tanta tristeza y que estaba alisando las gramillas, poniendo el ramo de flores cuando pasó Gaspar Barrios a caballo, me miró y dijo: -Ella está mejor ahí que aquí. Sería bueno que la dejaras en paz. Y se alejó al galope, resonando el pastizal con golpes secos. Cuando llueve todo se vuelve opaco, brumoso, y se levanta un vapor espeso que la gente dice que son las ánimas de los recién enterrados. Hay meses y meses en que no cae gota, todo se va secando, volviéndose amarillo, quebrándose en cada empuje del viento, y el corazón de los recién fallecidos late con desesperación para salir de lo profundo donde están, quieren salir de noche, cuando la luna ralea las sombras como si luchara con ellas para nunca vencer. Mancia me dijo: hay que apurarse, se hace tarde y el camino está oscuro. -Todavía no recé. Era ella misma, tenía un vestido blanco, no tenía esas ropas viejas que usaba cuando estaba viva. Mancia volvió a decirme: por favor, Remigia, ya se hace de noche. El crepúsculo rojo se avejentaba en el cielo, iba tomando un color morado, oscuro, de rayones de sangre sobre el reflejo en el estero. Al pasar por la orilla, se escuchaba el batir del agua gruñendo, era Lucía, era la misma voz, eran las mismas palabras, Mancia. Que no, que hay que apurarse porque oscurece, que te habrá parecido porque estás pensando en ella todo el día, que no hagas caso, que acá, en medio de este olvido, una se aferra a los recuerdos con uñas y dientes, una sabe que las despedidas son para siempre, no se vuelve a saber de nadie y en ese vacío sigue gobernando el olvido, o el recuerdo de lo perdido que es lo mismo. Inútilmente reclamamos esa luz blanca de la aparición: no era más que una ilusión para mantener el recuerdo tibio, pero vienen esas aguas del estero, avanzan, se van, avanzan de nuevo, borran todo lo que nos quedaba de los demás. 2009Alejandro Maciel. Caá Catí, 1986. (Cuento de la secuencia narrativa “El diluvio de fuego”)

jueves, 12 de febrero de 2009

BREVE HISTORIA DEL DIABLO

BREVE HISTORIA DEL DIABLO I. No desespere el pávido lector, la temerosa lectora; no iré a narrar una documentada hagiografía al revés, ni las crónicas inciertas de un personaje inmaterial, ni conjeturas acerca de la supuesta evolución de una idea que, si bien la patentó el Judaísmo al inscribirla dentro de sus memorias, la precede cientos de años si hemos de dar fe a las tradiciones orales y a los pictogramas. No veo objeción alguna para darle crédito en el banco de nuestra malograda mala fe a los ideogramas y pictogramas ya que a fin de cuentas la historia judía también ha sido escrita con signos ordenados y secuenciales; la misma historia humana duerme en documentos escritos que sin embargo gozan de un prestigio inusitado como si ignorásemos que esas mismas palabras usan algunos periodistas con calamitoso descaro para mentir sin un ápice de pudicia desde las redacciones de periódicos que leemos con la misma fe con la que un rabí lee la Torá. Si creemos a unos, ¿por qué negarle el derecho a las tablillas cuneiformes? Si éstas no engañan como algunos periodistas, durante el cautiverio de Israel en Babilonia bajo el gobierno de Nabucodonosor los levitas aprendieron las tretas del astuto Ahrimán contra la complacencia de Ormuz, su anverso benévolo. Desde que empezaron a escribir el Pentateuco los rabís sabían que necesitaban una fórmula para salvar el abismo abierto en su sistema de creencias. En algún momento, alguien de mala índole como yo se preguntaría cómo era posible que un Dios infinitamente perfecto y bueno creara sin embargo un mundo tan visiblemente dañado, decadente e insalubre para el alma humana. En el culebrón mitológico de los Avesta hay agentes alados (ángeles) que se alistan y combaten de un lado u otro de las hordas celestiales. En el declarado apócrifo Libro de Enoc –o Enoch- quien fuera bisabuelo de Noé hay pérfidos ángeles rijosos que bajan a la Tierra desobedeciendo los mandatos del casto Yahveh para comerciar carnalmente con las señoritas de la zona de Canáan. Nacen hijos espantosos, los nefillims o gigantes que en Grecia serán los secuaces de Deucalión. Pero olvidemos por un momento a la progenie colosal y volvamos los ojos hacia los nombres de los ángeles mazdeos que adquieren ciudadanía judía al entrar por la ventana de contrabando en el Talmud. Samael, Lucifer, Asmodeo, Belial y Satán fueron cosechados por temerosos rabinos en la Mesopotamia del exilio. Del cardumen maligno hicieron un cuerpo colegiado presidido por Satanás. Al traducir al griego la jauría maliciosa la afiliaron al partido de los “diábolos” que entre los griegos eran entidades menores que no cejaban en el intento de tentar a la gente para acometer pequeñas fechorías como el adulterio que es, por lejos, la más divertida. Como decía un amigo psiquiatra: los judíos inventaron el monoteísmo, la monogamia y la monotonía. Pero dejemos estas cuestiones vecinales y razonemos. El matrimonio nos propone una relación dual ideal en la que cada parte (el marido, la mujer) complementa un todo que restablece la armonía preestablecida según el finado Leibtniz. En el caso del adulterio en esta díada interfiere un tercero/a que viene a romper el frágil equilibrio leibtzniano para canjearlo por el alternador edípico freudiano. Si ya tenemos tres personas distintas y ningún dios verdadero, ahora los satanistas, entre los que no dudaría en alistar al ilustre monsieur Denis de Rougemont[1], quieren convencernos de algo más insólito: en esa relación ya en sí misma complicada de promiscuidad también cooperan demonios. Desoyendo el sabio principio de la navaja occamiana monsieur Rougemont me asegura que además de la trinidad adulterina hay que contar con el demonio instigador; y tal vez algún cadete infernal y de seguir así sumaremos un quinto y un sexto y en un abrir y cerrar de ojos habremos transformado el triángulo edípico en una cama redonda. Basta hasta aquí este breviario del bellaco. Ya iremos descubriendo sus trápalas en sucesivas emisiones de este boletín, por ahora sigamos escuchando el “Sansón y Dalila” de Saint-Saëns. [1] Denis de Rougemont, “La part du Diable, Éditions Gallimard, 1947.

viernes, 2 de enero de 2009

EL MAR HECHO FUEGO: MARIANO MORENO

Mariano Moreno había nacido en Buenos Aires, en el barrio de San Telmo en 1778 y murió a bordo de la fragata inglesa "Fame" en alta mar, frente a las costas de Santa Catarina (Br) en marzo de 1811.
Ana María Valle, la madre, le enseñó a leer y escribir y con la fuerza silenciosa de la letra imprimió en Mariano Moreno el vicio de la lectura; cuando se recibió de abogado en la Universidad de Chuquisaca (1805) ya había leido clandestinamente en bibliotecas de clérigos amigos buena parte de la obra de los iluministas europeos: tradujo el Contrato Social y elaboró el Plan Revolucionario de Operaciones, verdadero vademécum de la Revolución de Mayo.
Ya que se acerca el bicentenario de la Revolución de Mayo me he propuesto la tarea de escribir una novela sobre Moreno. ¿Por qué Moreno? Porque fue el ideólogo fundamental de la Revolución. Con Juan José Paso y Manuel Belgrano alimentaron el pensamiento de rehacer la patria desde sus cimientos; los tres murieron pobres, Belgrano y Moreno además, siendo aún jóvenes.
Alejandro Maciel

miércoles, 22 de octubre de 2008

LOS PECADOS DE SAN GREGORIO MAGNO

LOS PECADOS DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
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Antes de proseguir con tanta herejía corriendo el riesgo de deshilachar el alma en el camino del error, propongo una breve estación en los pecados capitales, aquellas trampas de la fe que podrían conducir al alma directo al Infierno si no fuésemos capaces de detectar a tiempo el peligro. Cuando llegamos al capítulo de pensamiento medieval en los manuales de Filosofía nos enseñan que San Agustín fue una especie de discípulo tardío de Platón, mientras Santo Tomás prefirió basar su “Summa” y el resto de sus escritos en la obra de Aristóteles. Es sabido que en la Magna Moralia (Ética a Nicómaco) el filósofo macedonio analiza las bases de la moral en la rudimentaria psicología humana que circulaba en esos tiempos, busca los extremos de las conductas en el exceso o la carencia de las cualidades que nos adornan como especie. Por ejemplo, la acidia (pereza) es la carencia de voluntad para obrar. Pero el censo inicial de vicios capitales (es decir aquellos que son la cabeza de otros males y corroen de muerte el alma humana) la confeccionó nuestro amigo el papa Gregorio I, el Magno. Antes de fundar el Purgatorio indagó quiénes podrían depurar pecados y qué faltas serían pasibles de perdón. La nómina de San Gregorio resultó ser el modelo para el Dante quien, siguiendo su plan trazó la arquitectura del Purgatorio de la Divina Comedia.
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. 1) Lujuria (en latín, luxuria) 2) Gula (gula) 3) Avaricia (avaritia) 4) Pereza (acidia) 5) Ira (ira) 6) Envidia (invidia) 7) Soberbia (superbia)
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Lo primero que salta a la vista es la relativa inocuidad de algunos pecados si pensamos en sentido social. Poco me interesa que mi vecino fuere perezoso o lo acicateare la gula como hacía con Santo Tomás de Aquino quien llegó a ser uno de los hombres más obesos de su tiempo. Pero debería sentirme alarmado si tuviere cerca a una persona cruel y como me señalaba Aída Aisenson Kogan, la crueldad no está dentro de los pecados capitales. Antes que los papistas me lo reprochen, debo advertir que el 10 de marzo de 2008 desde el Tribunal de la Penitenciaría Apostólica del Vaticano (delegación terrenal y oficinas del Purgatorio y el Infierno) el cardenal Girotti anunció que se agregaban los pecados sociales a los clásicos pecados capitales.
Estos vicios sociales son: manipulaciones genéticas, experimentaciones en seres humanos incluyendo estados larvales como el del embrión, contaminación ambiental, causar pobreza, enriquecerse a expensas del bien común y consumo de drogas. Por alguna razón que ignoro, la crueldad sigue ausente en la nueva lista. Otra aguda observación que me hiciera Aída me pareció atinada: es peor la codicia que la avaricia. Por definición, codicia es desear bienes ajenos.
Avaricia es apego excesivo a los bienes materiales propios. Para decirlo en términos simples, el avaro no roba, el que codicia seguramente está pensando cómo quedarse con mis bienes aunque debo advertirle: de mí, sólo obtendrá males.
No sé en qué pensaba Santo Tomás (seguramente en algún jugoso guisado o perniles jamonados) pero su censo es irregular. Vayamos a los pecados capitales.
(Fragmento de "Los sueños de la eternidad")
alejandro maciel

domingo, 7 de septiembre de 2008

¿QVO VADIS, ESTADO ?

El Estado en mal estado
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. Setiembre 2008. Hace tiempo los latinoamericanos venimos revisando la cuestión pública con una pasión cercana a la insania. No hacemos mal porque es fácil reconocer que tal como están las cosas, no vamos en ninguna dirección. Todos los países que antes fueron colonias españolas heredamos un modelo de Estado que las sucesivas guerras de independencia, motines internos y desacuerdos políticos minaron hasta sus cimientos y en nuestros días padecemos el martirologio de tener un Estado gigantesco, ineficiente, caro y obsoleto. Siguiendo la receta neoliberal que compara la eficacia de cualquier organización con una empresa, debemos acordar que este Estado macrocéfalo tambalea de pies. Nos lleva a los tumbos y en vez de ofrecer respuestas cada día nos lleva a preguntarnos más seriamente ¿Quo vadis? Si comparamos la eficacia y eficiencia de cualquier gobierno con una empresa está declarada la quiebra de antemano. ¿Por qué cargar a cuestas una organización pesada, deficiente y suntuaria? ¿Qué castigo purgamos como los penitentes infernales del Dante, para merecer esta condena? ¿No hay soluciones a la vista? alejandro maciel